sábado, 7 de febrero de 2026

Pisapapeles, pasatiempo, ciempiés



Aunque hago poco gasto del tubo por rayos catódicos (tv), excepto para informativos y revisión de pelis antiguas (Sed De Mal, Sueño Eterno), este poco consumo no me impide conocer que se haya entregado el Mayor premio de un concurso televisivo no sin cierta polémica. (La cuantía de los botes acumulados se actualiza, paralelamente, sin un índice referenciado, en la misma medida y proporción que las incautaciones de alijos de droga: siempre el último es el más grande).



Sorprende, parece ser, que la señorita ganadora pudiera acertar la respuesta definitiva sobre el nombre de un jugador de fútbol americano en un partido equis, en unas circunstancias "i", por la lejanía e irrelevancia del hecho, y, por la temática de la pregunta.

Pero bien, yo vengo a hablar no de mi libro pero si de las palabras. Amo las palabras. Esos pequeños ladrillitos que permiten construir el idioma. Unos, grandes, fundamentales, y otros pequeños, diminutos, que son como calzos para apuntalarlos y que en la pared del lenguaje, los grandes, queden anclados y se mantengan.


Las hay para todos los gustos, de todas las medidas, con fácil acceso por uso corriente o reservadas, rodeadas de cierta exclusividad. Acordes con la ocasión. Pomposas, grandilocuentes, sutiles, humildes, escuetas, lúgubres, amables. 
A veces su composición, su envergadura, se apareja y se corresponde con su significado y a veces no.
Todas parecen haberse desarrollado a partir del concepto que expresan y se diría que su musicalidad las define, las delata. Dúctil, frágil, etéreo, esdrújulo, ceporro, tongo.

miércoles, 4 de febrero de 2026

Soñar está al alcance de cualquiera



Tengo ideadas varias actividades novedosas, impactantes, revolucionarias para hacernos la vida más fácil, llevadera, pero todas nacen con un defecto insalvable, su realización. Esto es, intuyo mejoras insospechadas, vislumbro oportunidades únicas, veo negocio donde nadie lo diría, pero todas las iniciativas son de dudosa rentabilidad o difícil consumación. Todas mueren, desmontándose, por un nada. Por un tanto así.
Se diría que padezco el síndrome Danny Rose (Broadway) donde el éxito sea el elemento dinamizador, su búsqueda, estando en medio, o siendo parte importante del fracaso. O al revés, a mayor fracaso más sonado éxito.

Para que se hagan un idea y puedan calibrar la dimensión de mi poder creativo, había pensado en ofrecer mis servicios en una plataforma o varias, para realizar paquetes. En la zona, en la ciudad donde resido. Se entiende.



Una persona tiene que embalar un objeto para enviarlo por su reciente venta y no sabe o no puede, y, es, entonces, cuando aparezco yo. En su domicilio. Con mis bártulos: cinta adhesiva, cartón, cuerdas o cordones, plástico con burbujas para rellenar, cuter, tijeras, etc. Ofreciendo la posibilidad, si procede, de acercar el paquete a la Empresa o medio de transporte. 
Esta actividad fracasa o se desaconseja por la escasa cuantía que puedes facturar. Generalmente se venden objetos de poco valor y mi intervención ha de representar un coste muy pequeño para que al vendedor le resulte rentable, y es entones cuando a mi no me sale rentable una facturación con un ingreso tan pequeño.

Tengo más ideas similares, de todos los ámbitos, en todos los sectores, mientras sigo esperando la definitiva, que me haga, irremediablemente, despegar. 

martes, 27 de enero de 2026

La inaprensible capacidad de conducir



Hablaba ayer de la autonomía y tranquilidad que supone ser un chapuzas, ya que no un manitas, un sujeto resolutivo, ante pequeños inconvenientes, desajustes o arreglos en el ámbito doméstico / familiar. 
Por compararlo, de alguna forma, con la habilidad de saber conducir y la independencia y libertad que ello conlleva. Y llegado a este punto, caigo en la cuenta, de que esta facilidad para el volante y la destreza en la conducción que los pillos demuestran a muy temprana edad, no está generalizada en todas las capas de la sociedad.

Existen personas totalmente negadas para conducir. Y esta incapacidad se aprecia en contraposición a su estudios, escala social y puesto de responsabilidad que desempeñan. Dicho de otro modo, son capaces de ganarse la vida (bien), de desarrollar una actividad académica, de sobresalir meritoriamente en un cargo cuya función exige un alto grado de preparación, pero no esperes verlos en el asiento del conductor a los pedales del vehículo.


Por una dilación en la edad de obtener el permiso de conducir, con lo cual según su excusa, siempre ha sido tarde para asistir a Auto-escuela, o por un sentido del ridículo que les atenaza, siguen manteniendo esa "mancha" en su expediente.

Eso nos iguala. Y demuestra que todos arrastramos una limitación (o varias) más o menos confesables.

lunes, 26 de enero de 2026

Un canto al trabajo; darse con un canto en los dientes



Es ciertamente reconfortante la noticia que señala como, las nuevas generaciones, se van interesando mayormente por la formación profesional sabedores que esta vía les facilita una segura salida laboral, es decir una entrada al mundo del trabajo.
Crece, por tanto, un inusitado interés por la estética del currante que se simboliza en ponerse un mono y mancharse las manos a diferencia de buscar acomodo en la aséptica Administración o en la recurrida informática.

Veníamos de una sociedad donde nadie tenía estudios, (excepto los ricos) para pasar al otro extremo, con una población demasiado preparada / masterizada, sin encontrar ese término medio, ese equilibrio, y se daba el caso que con ese desapego o rechazo a los trabajos manuales, todos con carrera, pero incapaces ante un escape de agua casero como encontrar la llave de paso general para pararlo.

Por mi parte concedo mucha importancia a esta faceta del pequeño arreglo, al casero bricolaje, que te permite salir de un apuro, ser auto suficiente y ahorrarte unas perras como sinónimo de dinero.

Hoy sin más me he enfrentado, sin ser profesional ni conocimientos previos, a la sustitución de un tambor de persiana manual de láminas de plástico con cinta externa. Es un trabajo muy sencillo. Se necesita, eso si, un ayudante que te mantenga la persiana subida mientras realizas las labores del cambio. 

Hay en las manualidades y por extensión en las reparaciones, como hemos dicho, algo gratificante, satisfactorio, que te hace útil y provechoso proporcionándote cada reto asumido la experiencia para abordar uno de mayor calado y superior envergadura. 

viernes, 23 de enero de 2026

El tiempo que hace que no hace este tiempo



Este título además de capicúa, que se lee prácticamente igual de izquierda a derecha que al revés, encierra uno de los temas que ha pasado de ser una simple conversación cortés de ascensor, para transformarse en materia de estudio e información en prime time. Ahora la climatología se analiza, se predice, se escruta.

Hemos pasado de contar con un solo Mariano "hombre del tiempo" Medina, para todo el país, que te ofrecía un predicción corta, exigua, rudimentaria, dibujada a tiza en una pizarra, a disponer de una legión de informadores que te la facilitan y vaticinan con los más modernas tecnologías y sistemas infográficos.



Por tanto, este derroche didáctico ha permitido que la gente, la plebe, se maneje bien con las borrascas, los frentes lluviosos y las perturbaciones, dando base científica y contenido al previsible dolor en la operada cadera o al incómodo malestar en la prótesis de rodilla, por un inminente cambio de tiempo.

Ahora el tiempo forma parte de nuestras vidas. Está más unido a nosotros que nunca. Antiguamente era materia reservada para los navegantes, los campesinos y los agricultores interpretaban en él, año de nieves año de bienes, el adecuado momento para la siembra o el augurio de una buena cosecha.

Observo, no obstante, un descontento y rechazo general al clima reinante. Siempre deseamos una climatología distinta a la pertinente a la temporada, a la estación, y todo son quejas. La gente desearía calor en Invierno y fresquito en Verano.
Acostumbrados al mando de la calefacción y el aire acondicionado, el ser humano se ve impotente, vulnerable, minúsculo, al no poder doblegar a la climatología y modularla en origen.