Hay cosas, pocas, que con el tiempo devienen símbolos; trascienden a su esencia, a su fortuito, a veces, nacimiento, y se sobredimensionan adquiriendo una relevancia y aceptación siderales, estratosféricas.
Suceden con la imagen del Che, con el diseño de Coca-Cola o con 'Round Midnight, la canción de Cootie Williams-T. Monk, que, encarna, y, resume, mejor que nada la imagen del jazz.
En Round Midnight, simplemente, se concentra y gravita todo el jazz. Toda ella es jazz, aunque por ser un elemento gaseoso, difícil de acotar, todo el jazz no pueda estar en ella.
Se trata, por tanto, de una canción como cualquier otra, no especialmente mejor, pero de tanto tocarla, manosearla, se ha ido puliendo, dimensionando, hasta hacerse buena. Es como si todos los interpretes compitieran por mejorarla, en una lucha para demostrarse a si mismos, que han alcanzado el nivel, pasado la prueba.
Podría suceder que alguien, muy astutamente, introdujera su partitura en un libro de música, como ejercicio de aprendizaje, y, todos los estudiantes durante varias generaciones se han batido los dedos y devanado los sesos con ella, hasta alcanzar la licenciatura. No es una canción: es un salvo conducto, o, pase al aprobado.












