"Seguro que el oro está seguro?"
de una historieta de Lucky Luke
Hay infinidad de condicionamentos establecidos, rígidos, inamovibles, que ordenan nuestra existencia y cuya finalidad última, su utilidad, está por demostrar.
Una de estas normas u obligaciones que nos atornillan al sistema, es la necesidad impepinable de contratar un Seguro. Los hay a patadas. En todos loa ámbitos, en todas las modalidades. En el Hogar. Automóvil. De viaje. De Salud. Cubriendo todo el espectro de actividades y facetas de nuestra Vida. También de Vida.
Son facilmente contratables. Te los recomiendan en todas partes. Hasta los Bancos, cuando acudes en busca de ayuda, a gestionar un préstamo, te fuerzan indisimuladamente a contratarlos.
El asunto está en su efectividad. En cuando sucede algo y es necesario disfrutar de esas teóricas ventajas que sobre el papel cubren. Y ya tenemos el problema. En su consabida letra pequeña de limitaciones y excepciones establecidas, nada de lo que te ocurre entra dentro de los parámetros pertinentes para su cobertura.











