miércoles, 4 de febrero de 2026

Soñar está tirado



Tengo ideadas varias actividades novedosas, impactantes, revolucionarias para hacernos la vida más fácil, llevadera, pero todas nacen con un defecto insalvable, su realización. Esto es, intuyo mejoras insospechadas, vislumbro oportunidades únicas, veo negocio donde nadie lo diría, pero todas las iniciativas son de dudosa finalización. Todas mueren, desmontándose, por un nada.
Se diría que padezco el síndrome Danny Rose donde el éxito está en medio, o es, parte importante del fracaso. O al revés, a mayor fracaso más sonado éxito.

Para que se hagan un idea y puedan calibrar la dimensión de mi poder creativo, había pensado en ofrecer mis servicios en una plataforma para realizar paquetes. En la zona, en la ciudad donde resido. Se entiende. 
Una persona tiene que embalar un objeto para enviarlo como venta y no sabe o no puede y es entonces cuando aparezco yo. En su domicilio. Con mis bártulos: cinta adhesiva, cartón, cuerdas o cordones, plástico con burbujas para rellenar, cuter, tijeras, etc. Ofreciendo la posibilidad, si procede, de acercar el paquete a la Empresa o medio de transporte. Esta actividad fracasa pues se desaconseja por la escasa cuantía que puedes facturar. Generalmente se venden objetos de poco valor y mi 


 

martes, 27 de enero de 2026

La inaprensible capacidad de conducir



Hablaba ayer de la autonomía y tranquilidad que supone ser un chapuzas, ya que no un manitas, un sujeto resolutivo, ante pequeños inconvenientes, desajustes o arreglos en el ámbito doméstico / familiar. 
Por compararlo, de alguna forma, con la habilidad de saber conducir y la independencia y libertad que ello conlleva. Y llegado a este punto, caigo en la cuenta, de que esta facilidad para el volante y la destreza en la conducción que los pillos demuestran a muy temprana edad, no está generalizada en todas las capas de la sociedad.

Existen personas totalmente negadas para conducir. Y esta incapacidad se aprecia en contraposición a su estudios, escala social y puesto de responsabilidad que desempeñan. Dicho de otro modo, son capaces de ganarse la vida (bien), de desarrollar una actividad académica, de sobresalir meritoriamente en un cargo cuya función exige un alto grado de preparación, pero no esperes verlos en el asiento del conductor a los pedales del vehículo.


Por una dilación en la edad de obtener el permiso de conducir, con lo cual según su excusa, siempre ha sido tarde para asistir a Auto-escuela, o por un sentido del ridículo que les atenaza, siguen manteniendo esa "mancha" en su expediente.

Eso nos iguala. Y demuestra que todos arrastramos una limitación (o varias) más o menos confesables.

lunes, 26 de enero de 2026

Un canto al trabajo; darse con un canto en los dientes



Es ciertamente reconfortante la noticia que señala como, las nuevas generaciones, se van interesando mayormente por la formación profesional sabedores que esta vía les facilita una segura salida laboral, es decir una entrada al mundo del trabajo.
Crece, por tanto, un inusitado interés por la estética del currante que se simboliza en ponerse un mono y mancharse las manos a diferencia de buscar acomodo en la aséptica Administración o en la recurrida informática.

Veníamos de una sociedad donde nadie tenía estudios, (excepto los ricos) para pasar al otro extremo, con una población demasiado preparada / masterizada, sin encontrar ese término medio, ese equilibrio, y se daba el caso que con ese desapego o rechazo a los trabajos manuales, todos con carrera, pero incapaces ante un escape de agua casero como encontrar la llave de paso general para pararlo.

Por mi parte concedo mucha importancia a esta faceta del pequeño arreglo, al casero bricolaje, que te permite salir de un apuro, ser auto suficiente y ahorrarte unas perras como sinónimo de dinero.

Hoy sin más me he enfrentado, sin ser profesional ni conocimientos previos, a la sustitución de un tambor de persiana manual de láminas de plástico con cinta externa. Es un trabajo muy sencillo. Se necesita, eso si, un ayudante que te mantenga la persiana subida mientras realizas las labores del cambio. 

Hay en las manualidades y por extensión en las reparaciones, como hemos dicho, algo gratificante, satisfactorio, que te hace útil y provechoso proporcionándote cada reto asumido la experiencia para abordar uno de mayor calado y superior envergadura. 

viernes, 23 de enero de 2026

El tiempo que hace que no hace este tiempo



Este título además de capicúa, que se lee prácticamente igual de izquierda a derecha que al revés, encierra uno de los temas que ha pasado de ser una simple conversación cortés de ascensor, para transformarse en materia de estudio e información en prime time. Ahora la climatología se analiza, se predice, se escruta.

Hemos pasado de contar con un solo Mariano "hombre del tiempo" Medina, para todo el país, que te ofrecía un predicción corta, exigua, rudimentaria, dibujada a tiza en una pizarra, a disponer de una legión de informadores que te la facilitan y vaticinan con los más modernas tecnologías y sistemas infográficos.



Por tanto, este derroche didáctico ha permitido que la gente, la plebe, se maneje bien con las borrascas, los frentes lluviosos y las perturbaciones, dando base científica y contenido al previsible dolor en la operada cadera o al incómodo malestar en la prótesis de rodilla, por un inminente cambio de tiempo.

Ahora el tiempo forma parte de nuestras vidas. Está más unido a nosotros que nunca. Antiguamente era materia reservada para los navegantes, los campesinos y los agricultores interpretaban en él, año de nieves año de bienes, el adecuado momento para la siembra o el augurio de una buena cosecha.

Observo, no obstante, un descontento y rechazo general al clima reinante. Siempre deseamos una climatología distinta a la pertinente a la temporada, a la estación, y todo son quejas. La gente desearía calor en Invierno y fresquito en Verano.
Acostumbrados al mando de la calefacción y el aire acondicionado, el ser humano se ve impotente, vulnerable, minúsculo, al no poder doblegar a la climatología y modularla en origen.

lunes, 19 de enero de 2026

Desayunos de currantes



Siguiendo la definición aprendida de metro como medida de longitud: "es la distancia en una barra de aleación de platino e iridio entre dos marcas a 0 grados que se conserva en el Museo de pesas y medidas de París", y estableciendo un paralelismo definitorio, el precio del café con leche es el baremo permanente para evaluar el coste real de la vida y se comprueba, al instante, en cualquier cafetería, bar u horno-café-panadería de nuestra geografía.
Es el indicador más eficiente y fiable que actualizado periódicamente ofrece información puntual de la escalada general de precios.

Ahora con el principio del nuevo año ya se ha repercutido y aunque poco, el va a lo suyo, sigue subiendo. Lo estoy abonando a 1,75€ (descafeinado) pudiendo considerarse un precio estándar medio.


Pero las subidas son continuas, generales y permanentes, afectan a todo, aunque en los servicios cueste más detectarlas. Llegan más tarde, facturadas, solapadas, pero llegan.

Veamos otro ejemplo, los chuchos. Estas pastas fritas rellenas de crema cuya sola presencia debe estar prohibida por todos los dietistas, y su consumo los desaconsejan 11 de cada diez cardiólogos.

Sea como fuere, si tienen interés lo puedo explicar, soy comprador en diferido de este convoluto de grasa, triglicéridos y colesterol del malo, y, naturalmente, se ha visto afectado por el incremento sacrosanto anual, en mayor medida, como paso a exponer.


Adquirido en un horno semi-pastelería, es decir calidad medio alta, lo estaba pagando a 2,30 € la unidad, y al otro día de las uvas, me presento con la sospecha de encontrarlo aumentado. Efectivamente. Acerté. Pero no un aumento predecible, lógico, razonable. 

Cuando la dependienta me anunció el nuevo precio 2,65 € (35 céntimos más, de golpe) rápidamente hice cálculos y deduje un incremento entre un 15 y un 20%.
Indagué los motivos de este desmesurado aumento y recibí como contestación, el encarecimiento de las materias primas, y por ahí. Intenté argumentar lo exagerado del incremento y noté por parte de la trabajadora una resistencia a aceptar mi queja. Fue entonces cuando argüí: si le parece justificado espero que también sea extensible, en la misma cuantía, a su sueldo.