Neófito en la escritura y consumidor de literatura de oidas, este hecho le había trastocado, transformado, sintiendo la imperiosa necesidad de "explicotearse" que era, según él, un grado más alto, una manera más directa y contundente, de explicarse. Y lo hacía, apremiado, mediante estas cuartillas que trataría de salvar, en esa encrucijada cuyo incierto final estaba por resolverse.
Un piropo si, un simple y triste piropo era todo el motivo de sus males. Una lisonja que además llevaba el ingrediente biblico del pan, que, solo por su indespensabilidad, debería ya constituir un atenuante, y, ser, suficientemente disuasorio para no querer buscar más pies al gato: ¡ estás para mojar pan ¡ exactamente, recordó.
Y alegó en su favor, que hombres como él, amantes entusiastas del sexo contrario, deberían estar protejidos, sino subvecionados, por los organismos gubernamentales pertinentes como se salva a las ballenas, o a los osos de cualquier latitud y pelaje.
Argumentó en su defensa la no voluntariedad de su condición. Es decir, no había premeditación ni por supuesto alevosía en su necesidad de relacionarse con el sexo femenino, lo cual le resultara recomendable, propio y hasta conveniente. En una palabra, el no tenía culpa de pertenecer, quizás por haberse criado con pecho materno, del denostado gremio al que "le gustaba una escoba con faldas".
Un espacio inútil / intrascendente, para no iniciados, donde aparecerán comentarios, canciones / películas antiguas que poco o nada interesan, y, pobrecitas, ¡que pena! hayan acabado aquí.
domingo, 3 de marzo de 2024
Ojo de Tigre y otras Ágatas Ortiz de la Cosa (4)
jueves, 18 de enero de 2024
Redacción Extraescolar - Perdedores Natos (1)
Redacción extraoficial - Peace & Love y Mantequilla (2)
sábado, 6 de enero de 2024
No le riñas más al nene, que ya ha aparecido el peine (3)
Escribía, escribía, escribía copiosamente, compulsivamente. Con glotonería, con el ansia propia de aquel que comiera con hambre muy atrasada. Impulsado por la indignación y el atolondramiento, sacar toda aquello de su interior, era, además de una forma de constatación y certidumbre del paso del tiempo, el único bálsamo que le tranquilizaba.
Advirtió, ante ese abismo, al que su incierta situación le abocaba, como sucede ante una operación quirúrgica de envergadura o en el transcurso de un peligroso accidente, acudían a su mente infinidad de imágenes que se sucedían de forma vertiginosa como preprarándose para el fatal recuento del balance final de un ejercicio.Comprobó, además, que en situaciones extraordinarais donde nos sentimos verdaderamente afectados, quizas por un mecanismo de autodefensa, seamos capaces de desarrollar una actividad desconocida, insospechada, donde se activan todos los resortes de nuestro organismo descubriendo nuevas capacidades y obteniendo un mayor rendimiento.
Que útil sería, llegó a elucubrar, conocer el punto donde activar voluntariamente este estado, para obtener, en términos de efectividad, una mayor rentabilidad a nuestra existencia.
Y en esa sobreexcitación notó, extrañado, como se le agolpaban la ideas en su cabeza formando un cuello de botella, lamentando, que, en ocasiones, lo poco es malo y lo mucho sea peor.
Una de las imágenes que rescató en el calidoscopio sepia y vertiginoso de su existencia, estaba fechada en su infancia, haciendo buena esa realidad no contrastada de que cuanto mayor te haces, mas claramente recuerdas tus primeros años, y, era, practicamente, calcada a las magnificamente relatadas por Fellini en su maravallosa Amarcord, llegando a la conclusión que exista una sola y única niñez con su adaptación y aprendizaje pero que se repite como se proyecta nuestra imagen, infinitamente, en un ascensor o salón forrado de espejos.
Recordaba que incluia el primer contacto con el odioso vicio de fumar, una leve iniciación teorica a la sexualidad para acabar compitiendo en un tipico concurso, entre colegas, haciendo pipí, alineados de pie, para comprobar quien lanzaba o llegaba más lejos con su orina.
En su estado y condición, los días dejaban un poso negro, amargo, imbebible, como le sucedía a su subvencionado café diario.
Artemio López-Reverse (Derechos Embargados)






















