Los cuatro puntos cardinales ya los conocemos. Han sido siempre los mismos, y, están ahí, se puede comprobar, pero las cuatro mujeres del apocalipsis mundano, que marcaron tendencia en otro tiempo, ocupando las portadas de los semanarios cuando existían personajes con glamour, con clase, fueron: Grace, Ingrid, Jacqueline y Marilyn. Belleza, modernidad, poder y morbo. Bien, Roberto Rossellini, tuvo el privilegio de disfrutar de un punto cardinal para él solo.
Y algo tenía que hacer este hombre para merecer tal honor. Podría haberse ganado la vida, honradamente, haciendo barras de pan, pero este oficio no da para tanto, o, montarse una fábrica de coches, cosa muy fácil tratándose de un italiano, pero no, se dedicaba con la laboriosidad de un albañil a jornal, a construir el neorrealismo italiano, que dicho sea de paso, estaba por hacer, y, alguien tenía que meterle mano.
Federico colaboraba, ya, trayendo los cafés y haciendose chuletas con posibles nombres para futuras producciones propias.
Neorralismo
Roberto Rossellini

Federico colaboraba, ya, trayendo los cafés y haciendose chuletas con posibles nombres para futuras producciones propias.
Neorralismo
Roberto Rossellini

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