Ha aparecido, inesperadamente, un paraguas. En el coche. Alguien, no sabemos quien, se lo ha dejado olvidado. O nos lo prestaron y no recordamos su amable dueño. Y no sabemos que hacer con el. Aborrezco disfrutar de las cosas ajenas. Raramente pido nada prestado y me libera, en grado sumo, el hecho de devolverlo.
Por tanto, es un tema atascado. Otro más.

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