jueves, 17 de septiembre de 2026

No nos lo podemos permitir....



Cuando la entrañable actividad epistolar está a la baja, expongo a su curiosidad como modelo éste correo enviado a la Asociación de Vecinos de mi Barrio, para subsanar la irregularidad y abandono que supone tener un reloj centenario parado. 
Hubo un tiempo en que ese medio de comunicación tuvo vital relevancia, incluso para acceder a un trabajo se requería obligatoriamente, redactar unar escrito de puño y letra para adentrarse en la personalidad del candidato, (ahora supongo que bastará un selfie con su mascota) y existía un modelo literario de misiva recomendado, con presentación, nudo y desenlace. 

Sobretodo en el amor tuvo su máxima importancia. No existían las facilidades de comunicación actuales, y entonces las cartas eran esperadas con el corazón salido, fuera de sitio. La gente las guardaba y cuando, llegado el caso, se separaban, aparte
 del anillo de su madre, te pedían devolver las amarillentas cartas.

Como apreciarán en la adjunta, expuesta al final, sigo el modelo tradicional: una pequeña introducción para romper el hielo y no ir directamente al grano, a la manera de Cervantes, o García Márquez; seguidamente, una proposición detallada y finalmente, el cierre con un toque humanitario que siempre queda bien. Todo ello, encabezado con un título sugestivo que llame la atención que es de lo que se trata.

Bon día,  
Ahora que las Fiestas han dejado paso al trabajo y retomamos la actividad después de dias de juerga y alegría, les propongo un reto que creo está al alcance de su mano:  
Enchegar el reloj del Carrer Horta, enfrente de la Biblioteca y encima de la antigua oficina de la Caixa.  
No puede ser que el elemento más representativo del Barrio lleve varios años parado. Es una pésima imagen y dice muy poco en favor de los vecinos.   
Somos tan dejados como para permitirlo?  
Hágase una reclamación al Ayuntamineto, al Organismo que proceda, organicemos una sentada, una cuestación, movamos lo que haga falta para que el sonido de la campana vuelva a acompañar nuestro quehacer diario demostrando que como sociedad, estamos vivos, en hora.  
Soy un vecino de Feliu i Codina y solía enseñarle a mi nieto el reloj cuando de regreso a casa, daban, gozosamente, las 5 de la tarde.  
Saludos cordiales

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