Contemplando esta sugestiva portada he caído en la cuenta de que también ha desaparecido la vieja costumbre de hacer punto y con ella, la oportunidad de iniciar a los menores de la casa en la colaboración de las pequeñas tareas del hogar, aguantando la madeja entre los brazos para transformarla en ovillos.
Primero fue la confección pura y dura, dirigida por la revistas de moda, especializadas, que te proveían de figurines consiguiendo que en una determinada temporada todas las niñas lucieran el mismo pichi, y, finalmente, confeccionar jerséis de lana mediante agujas, dirigidas y aleccionadas por las vendedoras de estas tiendas de labores que te enseñaban adonde debías empezar la sisa.
Ahora con la explotación infantil se fabrica más barato en esos países lejanos y ya no sale a cuenta hacerle a Rodolfito un grueso jersey para las frías guardias en la garita, porque tampoco se hace la Mili.
Por mi parte, miro de estirar al máximo la duración de los tejanos y demás prendas de vestir, en una nueva forma de ecología, pues existe una sobre saturación de ropa, y por otro lado, no se cuantísimos litros de agua se gastan en la fabricación de un vaquero.


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