jueves, 18 de diciembre de 2025

Hogar de tres: Después de la publicité



Los anuncios publicitarios han perdido su primigenia función de informar al consumidor, y por tanto, esa cierta simpatía o atractivo de pasatiempo infantil que disfrutaban, para volverse un elemento machacón e insoportable del que todo el mundo huye y admoniza. Constituyendo, en esencia, un peaje en especies más doloroso si cabe que abonar un dinero por no tener que visionarlos.


Mi defensa consiste en manejar el mando a distancia siendo el botón de mute el preferido. Mantengo toda la programación televisiva, prácticamente, sin voz, mientras simultaneo otra actividad, y sólo la activo cuando deduzco por las imágenes que ese momento preciso me interesa.

De todos los mensajes el que más me incomoda, en la actualidad, es el de un antiguo presentador de competiciones automovilísticas donde nos requiere, insistentemente, vender nuestro coche. Nos lo compran aunque lo necesitemos, queramos desprendernos de el o no.


Las facilidades son infinitas. En un ejemplo a un paisano le esparce cien mil papeles que transporta para demostrar, que con ellos, la transacción, es sin papeleo, y ya, la cosa se pone más grave, cuando una esposa, en la intimidad y salvaguarda del receptáculo, le consulta a su marido conduciendo el auto propio, cuánto podría valer. En ese momento, aparece del asiento trasero este presentador de carreras, infiltrado en el viaje, y dice que la casa que Él representa si lo sabe.

Inquietante.

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