lunes, 19 de enero de 2026

Desayunos de currantes



Siguiendo la definición aprendida de metro como medida de longitud: "es la distancia en una barra de aleación de platino e iridio entre dos marcas a 0 grados que se conserva en el Museo de pesas y medidas de París", y estableciendo un paralelismo definitorio, el precio del café con leche es el baremo permanente para evaluar el coste real de la vida y se comprueba, al instante, en cualquier cafetería, bar u horno-café-panadería de nuestra geografía.
Es el indicador más eficiente y fiable que actualizado periódicamente ofrece información puntual de la escalada general de precios.

Ahora con el principio del nuevo año ya se ha repercutido y aunque poco, el va a lo suyo, sigue subiendo. Lo estoy abonando a 1,75€ (descafeinado) pudiendo considerarse un precio estándar medio.


Pero las subidas son continuas, generales y permanentes, afectan a todo, aunque en los servicios cueste más detectarlas. Llegan más tarde, facturadas, solapadas, pero llegan.

Veamos otro ejemplo, los chuchos. Estas pastas fritas rellenas de crema cuya sola presencia debe estar prohibida por todos los dietistas, y su consumo los desaconsejan 11 de cada diez cardiólogos.

Sea como fuere, si tienen interés lo puedo explicar, soy comprador en diferido de este convoluto de grasa, triglicéridos y colesterol del malo, y, naturalmente, se ha visto afectado por el incremento sacrosanto anual, en mayor medida, como paso a exponer.


Adquirido en un horno semi-pastelería, es decir calidad medio alta, lo estaba pagando a 2,30 € la unidad, y al otro día de las uvas, me presento con la sospecha de encontrarlo aumentado. Efectivamente. Acerté. Pero no un aumento predecible, lógico, razonable. 

Cuando la dependienta me anunció el nuevo precio 2,65 € (35 céntimos más, de golpe) rápidamente hice cálculos y deduje un incremento entre un 15 y un 20%.
Indagué los motivos de este desmesurado aumento y recibí como contestación, el encarecimiento de las materias primas, y por ahí. Intenté argumentar lo exagerado del incremento y noté por parte de la trabajadora una resistencia a aceptar mi queja. Fue entonces cuando argüí: si le parece justificado espero que también sea extensible, en la misma cuantía, a su sueldo.
 

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