domingo, 18 de enero de 2026

Las hamburguesas de M. Jiménez




Esa renuncia que comentábamos ayer sobre la desaparecida costumbre de coser en casa o tricotar, también va camino de trasladarse a la noble habilidad de cocinar. Con la marcha inevitable, por ley natural, de las mayores de las casas, esa tradición se va perdiendo y son pocos los jóvenes que estén interesados en saber cómo freír un huevo. 

Con este ajetreado estilo de vida, se impone el fast food, al tiempo que proliferan los negocios de comida preparada, y pronto, muy pocos, recordarán, en el ámbito doméstico, como preparar una paella, los ingredientes de un potaje o los intríngulis de un cocido.



Y esta tendencia hace que las hamburgueserías compitan desaforadamente en ofrecer la hamburguesa con más pisos, su plato estrella, haciendo imposible consumirlas sin correr el riesgo de que se desencaje la mandíbula. 
Es a todas luces una imposición que no va con nuestra cultura y ni con nuestro modo de ser. Sucede lo mismo con la reciente moda de adquirir el café con leche para llevar y consumirlo mientras simultaneamos este ritual con otras funciones o actividades.

De celebrarse ahora esos encuentros ochenteros donde la beautiful people se reunía para ligar y conspirar, al calor de unas lentejas, tendrían que aglutinarse, forzosamente, en torno a unas incomodas hamburguesas.

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