Es ciertamente reconfortante la noticia que señala como, las nuevas generaciones, se van interesando mayormente por la formación profesional sabedores que esta vía les facilita una segura salida laboral, es decir una entrada al mundo del trabajo.
Crece, por tanto, un inusitado interés por la estética del currante que se simboliza en ponerse un mono y mancharse las manos a diferencia de buscar acomodo en la aséptica Administración o en la recurrida informática.
Veníamos de una sociedad donde nadie tenía estudios, (excepto los ricos) para pasar al otro extremo, con una población demasiado preparada / masterizada, sin encontrar ese término medio, ese equilibrio, y se daba el caso que con ese desapego o rechazo a los trabajos manuales, todos con carrera, pero incapaces ante un escape de agua casero como saber donde está la llave de paso general para pararlo.
Por mi parte concedo mucha importancia a esta faceta del pequeño arreglo, al casero bricolaje, que te permite salir de un apuro, ser auto suficiente y ahorrarte unas perras como sinónimo de dinero.
Hoy sin más me he enfrentado, sin ser profesional ni conocimientos previos, a la sustitución de un tambor de persiana manual de láminas de plástico con cinta externa. Es un trabajo muy sencillo. Se necesita, eso si, un ayudante que te mantenga la persiana subida mientras realizas las labores del cambio.
Hay en las manualidades y por extensión en las reparaciones, como hemos dicho, algo gratificante, satisfactorio, que te hace útil y provechoso proporcionándote cada reto asumido la experiencia para abordar uno de mayor calado y superior envergadura.


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