Tengo ideadas varias actividades novedosas, impactantes, revolucionarias para hacernos la vida más fácil, llevadera, pero todas nacen con un defecto insalvable, su realización. Esto es, intuyo mejoras insospechadas, vislumbro oportunidades únicas, veo negocio donde nadie lo diría, pero todas las iniciativas son de dudosa rentabilidad o difícil consumación. Todas mueren, desmontándose, por un nada.
Se diría que padezco el síndrome Danny Rose donde el éxito está en medio, o es, parte importante del fracaso. O al revés, a mayor fracaso más sonado éxito.
Para que se hagan un idea y puedan calibrar la dimensión de mi poder creativo, había pensado en ofrecer mis servicios en una plataforma para realizar paquetes. En la zona, en la ciudad donde resido. Se entiende.
Una persona tiene que embalar un objeto para enviarlo como venta y no sabe o no puede y es entonces cuando aparezco yo. En su domicilio. Con mis bártulos: cinta adhesiva, cartón, cuerdas o cordones, plástico con burbujas para rellenar, cuter, tijeras, etc. Ofreciendo la posibilidad, si procede, de acercar el paquete a la Empresa o medio de transporte.
Esta actividad fracasa o se desaconseja por la escasa cuantía que puedes facturar. Generalmente se venden objetos de poco valor y mi intervención ha de representar un coste muy pequeño para que al vendedor le resulte rentable, y es entones cuando a mi no me sale rentable una facturación tan pequeña.


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