lunes, 26 de enero de 2026

Un canto al trabajo; darse con un canto en los dientes



Es ciertamente reconfortante la noticia que señala como, las nuevas generaciones, se van interesando mayormente por la formación profesional sabedores que esta vía les facilita una segura salida laboral, es decir una entrada al mundo del trabajo.
Crece, por tanto, un inusitado interés por la estética del currante que se simboliza en ponerse un mono y mancharse las manos a diferencia de buscar acomodo en la aséptica Administración o en la recurrida informática.

Veníamos de una sociedad donde nadie tenía estudios, (excepto los ricos) para pasar al otro extremo, con una población demasiado preparada / masterizada, sin encontrar ese término medio, ese equilibrio, y se daba el caso que con ese desapego o rechazo a los trabajos manuales, todos con carrera, pero incapaces ante un escape de agua casero como encontrar la llave de paso general para pararlo.

Por mi parte concedo mucha importancia a esta faceta del pequeño arreglo, al casero bricolaje, que te permite salir de un apuro, ser auto suficiente y ahorrarte unas perras como sinónimo de dinero.

Hoy sin más me he enfrentado, sin ser profesional ni conocimientos previos, a la sustitución de un tambor de persiana manual de láminas de plástico con cinta externa. Es un trabajo muy sencillo. Se necesita, eso si, un ayudante que te mantenga la persiana subida mientras realizas las labores del cambio. 

Hay en las manualidades y por extensión en las reparaciones, como hemos dicho, algo gratificante, satisfactorio, que te hace útil y provechoso proporcionándote cada reto asumido la experiencia para abordar uno de mayor calado y superior envergadura. 

viernes, 23 de enero de 2026

El tiempo que hace que no hace este tiempo



Este título además de capicúa, que se lee prácticamente igual de izquierda a derecha que al revés, encierra uno de los temas que ha pasado de ser una simple conversación cortés de ascensor, para transformarse en materia de estudio e información en prime time. Ahora la climatología se analiza, se predice, se escruta.

Hemos pasado de contar con un solo Mariano "hombre del tiempo" Medina, para todo el país, que te ofrecía un predicción corta, exigua, rudimentaria, dibujada a tiza en una pizarra, a disponer de una legión de informadores que te la facilitan y vaticinan con los más modernas tecnologías y sistemas infográficos.



Por tanto, este derroche didáctico ha permitido que la gente, la plebe, se maneje bien con las borrascas, los frentes lluviosos y las perturbaciones, dando base científica y contenido al previsible dolor en la operada cadera o al incómodo malestar en la prótesis de rodilla, por un inminente cambio de tiempo.

Ahora el tiempo forma parte de nuestras vidas. Está más unido a nosotros que nunca. Antiguamente era materia reservada para los navegantes, los campesinos y los agricultores interpretaban en él, año de nieves año de bienes, el adecuado momento para la siembra o el augurio de una buena cosecha.

Observo, no obstante, un descontento y rechazo general al clima reinante. Siempre deseamos una climatología distinta a la pertinente a la temporada, a la estación, y todo son quejas. La gente desearía calor en Invierno y fresquito en Verano.
Acostumbrados al mando de la calefacción y el aire acondicionado, el ser humano se ve impotente, vulnerable, minúsculo, al no poder doblegar a la climatología y modularla en origen.

lunes, 19 de enero de 2026

Desayuno de currantes



Siguiendo la definición aprendida de metro como medida de longitud: "es la distancia en una barra de aleación de platino e iridio entre dos marcas a 0 grados que se conserva en el Museo de pesas y medidas de París", y estableciendo un paralelismo definitorio, el precio del café con leche es el baremo permanente para evaluar el coste real de la vida y se comprueba, al instante, en cualquier cafetería, bar u horno-café-panadería de nuestra geografía.
Es el indicador más eficiente y fiable que actualizado periódicamente ofrece información puntual de la escalada general de precios.

Ahora con el principio del nuevo año ya se ha repercutido y aunque poco, el va a lo suyo, sigue subiendo. Lo estoy abonando a 1,75€ (descafeinado) pudiendo considerarse un precio estándar medio.


Pero las subidas son continuas, generales y permanentes, afectan a todo, aunque en los servicios cueste más detectarlas. Llegan más tarde, facturadas, solapadas, pero llegan.

Veamos otro ejemplo, los chuchos. Estas pastas fritas rellenas de crema cuya sola presencia debe estar prohibida por todos los dietistas, y su consumo los desaconsejan 11 de cada diez cardiólogos.

Sea como fuere, si tienen interés lo puedo explicar, soy comprador en diferido de este convoluto de grasa, triglicéridos y colesterol del malo, y, naturalmente, se ha visto afectado por el incremento sacrosanto anual, en mayor medida, como paso a exponer.


Adquirido en un horno semi-pastelería, es decir calidad medio alta, lo estaba pagando a 2,30 € la unidad, y al otro día de las uvas, me presento con la sospecha de encontrarlo aumentado. Efectivamente. Acerté. Pero no un aumento predecible, lógico, razonable. 

Cuando la dependienta me anunció el nuevo precio 2,65 € (35 céntimos más, de golpe) rápidamente hice cálculos y deduje un incremento entre un 15 y un 20%.
Indagué los motivos de este desmesurado aumento y recibí como contestación, el encarecimiento de las materias primas, y por ahí. Intenté argumentar lo exagerado del incremento y noté por parte de la trabajadora una resistencia a aceptar mi queja. Fue entonces cuando argüí: si le parece justificado espero que también sea extensible, en la misma cuantía, al aumento de su sueldo.
 

domingo, 18 de enero de 2026

Las hamburguesas de M. Jiménez




Esa renuncia que comentábamos ayer sobre la desaparecida costumbre de coser en casa o tricotar, también va camino de trasladarse a la noble habilidad de cocinar. Con la marcha inevitable, por ley natural, de las mayores de las casas, esa tradición se va perdiendo y son pocos los jóvenes que estén interesados en saber cómo freír un huevo. 

Con este ajetreado estilo de vida, se impone el fast food, al tiempo que proliferan los negocios de comida preparada, y pronto, muy pocos, recordarán, en el ámbito doméstico, como preparar una paella, los ingredientes de un potaje o los intríngulis de un cocido.



Y esta tendencia hace que las hamburgueserías compitan desaforadamente en ofrecer la hamburguesa con más pisos, su plato estrella, haciendo imposible consumirlas sin correr el riesgo de que se desencaje la mandíbula. 
Es a todas luces una imposición que no va con nuestra cultura y ni con nuestro modo de ser. Sucede lo mismo con la reciente moda de adquirir el café con leche para llevar y consumirlo mientras simultaneamos este ritual con otras funciones o actividades.

De celebrarse ahora esos encuentros ochenteros donde la beautiful people se reunía para ligar y conspirar, al calor de unas lentejas, tendrían que aglutinarse, forzosamente, en torno a unas incomodas hamburguesas.

sábado, 17 de enero de 2026

Punto por punto: One Step Closer



Contemplando esta sugestiva portada (nada tan interesante como un cuidado aspecto) he caído en la cuenta de que también ha desaparecido la vieja costumbre de tricotar y con ella, la oportunidad de iniciar a los menores de la casa en la colaboración de las pequeñas tareas del hogar, aguantando la madeja entre los brazos estirados para transformarla en ovillos.

Primero cayó la confección casera, dirigida por la revistas de moda, especializadas, que te proveían de figurines consiguiendo que en una determinada temporada todas las niñas lucieran el mismo pichi, y, finalmente, confeccionar jerséis de lana mediante agujas, aleccionadas por las vendedoras de estas tiendas de labores que te seguían el trabajo y te enseñaban como y donde menguar la sisa.



Ahora con la explotación infantil (sin que ello parezca importar demasiado) se fabrica más barato en esos países lejanos, y ya no sale a cuenta hacerle a Rodolfito un grueso jersey para las frías guardias en la garita, porque también se ha eliminado la reclutación obligatoria para el Servicio Militar.

Por mi parte, miro de estirar al máximo la duración de los tejanos y demás prendas de vestir, en una nueva forma de ecología, pues existe una sobre saturación de ropa, y por otro lado, no se cuantísimos litros de agua se gastan en la fabricación de un pantalón vaquero.