A los tres requisitos básicos recomendados para ser feliz (Salud, Dinero y Amor), sumamos hoy con ese mismo dígito cabalístico, tres elementos que no se pueden ocultar: el Amor, el Dinero y la (buena) Educación.
Es decir, que los efectos de poseerlos, ostentarlos, escapan a nuestra voluntad o deseo y dejan, por tanto, rastro. Hablan por sí mismos.
Veamos. El Amor del bueno, verdadero, no se compra ni se vende, ni se puede disimular y su existencia se demuestra en pequeños gestos, detalles, actitudes. No puedes vencer su fuerza y acabas cediendo a su revelación. Su poder trasciende y se extrapola incluso a las situaciones más prosaicas, a las cosas simples, mundanas, que se hacen bien, "con amor".
Lo del dinero es más palpable. Donde hay dinero se nota. No se puede esconder. Se puede evadir, en todo caso, pero esa es otra cuestión. Se percibe, pues sus poseedores huyen de la marca blanca y aún cuidando los signos externos de grandeza, algún detalle, un simple llavero, inevitablemente, los delata.
En cuanto a la Educación. Es más fácil de detectar la mala por ruidosa, hortera y chabacana, pero aún asi, la buena se abre paso como la verdad. Es lo que nos enseña a no sorber la sopa o no comer el pollo con la mano, y nos diferencia de los animales. Es aceptar un orden, respetar una jerarquía, es finalmente una norma para conducirnos sin colisionar con los demás en el circuito tortuso de la vida.


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